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Un poquito más allá de las nubes

Un poquito más allá de las nubes

 

No sé si a ti te pasa, que cuando piensas en Dios, en una que otra ocasión miras al cielo, buscando hacer un contacto, quizás no visual, pero si espiritual con tu Creador.

Es como la niña  que en sus tiempos de soledad supo sacarle particular provecho.
En ocasiones, cuando sus hermanos y su madre salían a sus respectivas obligaciones, ella solía entretenerse con  su amigo inseparable… su perro; con él jugaba, “hablaba” y hasta lo desesperaba, a veces…  luego hacía sus tareas  y cuando terminaba,  entonces hablaba con Dios.
Con el tiempo aprendió a desarrollar la habilidad de hablar con Dios cuando estaba a solas; Hablaba con naturalidad  y con mucha frecuencia.

Un día, cayó en  cuenta que hablaba con alguien que no veía y que sabía que no podía ver, pero niña al fin buscó la forma de hacer un “contacto visual” con Dios. Entonces buscó una ventana, miró hacia arriba y eligió el cielo…  más bien las nubes, para fijar su mirada cuando hablara con Dios, como si estuviera viéndole cara a cara…

Se convirtió en una fascinante costumbre, y por cierto, secreta. Nadie sabía que ella hablaba con Dios de esta manera, o por lo menos así lo creía ella.

Esas conversaciones eran muy especiales, pues recurría a mirar al cielo cuando necesitaba hablar con Dios, (sabía que no era necesario, pero aun lo hacía). Sus ojos se perdían deleitados en una fe tan firme, creyendo que Dios estaba allí para escuchar sus palabras. A veces esos momentos eran muy divertidos, pero en ocasiones eran profundamente emotivos, pues cuando la niña se sentía triste sus ojos rápidamente se dirigían al cielo, no importando el lugar, ella buscaba una ventana o una puerta para salir y mirar hacia arriba, y lloraba.

La pequeña alzaba su mirada  y  decía -“Dios, sé que estás ahí, un poquito más allá de las nubes, y sé que me escuchas”-.

A veces en su inocencia de niña lo saludaba y hasta le preguntaba cómo estaba; le interesaba saber cómo Dios se sentía… Los niños tienen una gran imaginación y al mismo tiempo son ingenuos y puros, como para tomar  las nubes de inspiración  y construir una oración de fe al Creador y esperar su respuesta. Y en verdad, así era siempre.

El cielo es tan hermoso, las nubes con todo su esplendor, nos extienden una invitación de fe, de paz y plenitud de gozo!  Sabemos que Dios está en todas partes; pero es muy válido entender que algo tan hermoso como el cielo es un lugar donde podemos mirar buscando a Dios!

Mirar la naturaleza es una maravillosa forma de contemplar a Dios. Es uno de los ejercicios que suelo hacer cuando estoy francamente expuesta a Su creación. Y me ha ayudado mucho, en los tiempos de aflicción.

Cuando experimenté el dolor por atravesar un camino de incertidumbres sobre mi salud, mi alma se alimentaba del depósito de fe que habitaba en mí, Su palabra me recordaba su misericordia, y su poder. Y me daba el permiso de creer y de tener esperanzas, no solo con la sanidad de mi cuerpo y con las soluciones económicas que nos preocupaban, también con la seguridad de que Él cumpliría su propósito en mi vida, cualquiera que fuera.

Y entonces miraba al cielo y le decía a mi Dios: “sé que estás ahí, un poquito más allá de las nubes”…  y también sé que estas aquí justo a mi lado sosteniendo mi vida en el hueco de tu mano. Estás ahí, estás aquí, estas allá donde se encuentran  los recursos económicos que necesito, tocando el corazón de alguien que usarás para glorificarte, estás con mi esposo, dándole fuerzas y sabiduría, estirando su fe para esperar en ti con paciencia y esperanza. Estás con la gente que al igual que yo te necesita con urgencia, por su salud, otros por una oportunidad de salvación. Estás en todas partes y de donde estás nos miras y nos amas!

Cuanto estaba en el tratamiento de las quimioterapias, postoperatorio y demás, como  tenía más tiempos de quietud y soledad; al igual que la niña de la historia, supe aprovechar muy bien esos momentos, miré muchas veces al cielo, y cuando no tenía acceso a una ventana, me lo imaginaba.    Era fácil hacerlo, era una imagen que estaba muy grabada en mi mente desde niña.

Comunicarte con Dios, tener una comunión con Él, es más real y más poderoso que hablar con cualquier persona en este mundo. Buscar a Dios en oración,  meditar en Su palabra… y contemplarle, es una oportunidad maravillosa que no deberías desaprovechar, más si tus días son difíciles.

Acercarte a Él con confianza, es lo que hará del caos, un tiempo especial con tu Padre Celestial mientras te transforma, y convierte tu mundo en un paraíso espiritual! Anímate. Sólo cree y ora!

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Hebreos 4:16

 ¿Te atreves a vivir un día a la vez, dejando que Él sea tu ayudador? Cuando estés desesperado(a) habla con Dios, (y cuando todo esté bien, también). Es extraordinariamente hermoso; es tan bueno decirle a alguien que por demás es poderoso y fiel,  lo mucho que lo necesitas, y  que anhelas su favor operando un milagro sobre ti. Muchas veces orar será tu única arma para salir a salvo!

Nuestra ayuda está en el nombre del Señor, creador del cielo y de la tierra.             Salmos 124:8

Me gustaría tanto que cada vez, más  personas puedan reconocer la necesidad que tienen de Dios y lo cercano que Él  está, para todo aquel que dispone abrir su corazón y dejarlo entrar.

Me pregunto, si una niña pudo acercarse a Dios y hablar con él con tanta naturalidad usando las nubes como punto de encuentro, ¿qué podrías hacer tú para mantenerte comunicado o para iniciar una relación verdadera con el Creador?

Ahora no tengo tantos tiempos de soledad como lo tenía cuando era niña, no tengo un perro (anhelo tener uno otra vez), pero sigo hablando y orando con Dios;  mientras lloro, río, me deleito y confío! De vez en cuando, aunque sé que no es necesario, miro al cielo y me gozo en su presencia. Él siempre está conmigo!