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Consolada para consolar!

Consolada para consolar!

¨Este es mi consuelo en la aflicción: que tu palabra me ha vivificado. Salmos 119:50¨

Con toda seguridad, en algún momento lo hemos recibido, y también lo hemos otorgado. Es esa acción tan humana y significativa que conecta los corazones en un momento especial, momento que generalmente es triste o difícil, devastador  o desafortunado.

Se hace mucho más fácil otorgarlo;  El sentimiento está en nuestro interior… pero solo eso. Mientras que recibirlo implica mucho más,  tu corazón no solo está  percibiendo el dolor, en realidad lo está atravesando.

Consuelo, es lo que damos cuando alguien que está a nuestro alrededor sufre, consuelo es lo que recibimos cuando nosotros atravesamos el dolor.

Siendo sincera, es menos abrumador, y por mucho; consolar a los que sufren, pero recibirlo no es tan fácil; Sucede que están pasando muchas cosas, todas significativas, hirientes, dolorosas y difíciles.

Pasa que cuando estás en posición de recibir la palmadita en el hombro, estás muy cargado de dolor, estás abrumado, herido y en el suelo. Significa que estás vulnerable, significa pérdidas, derrotas y fracasos.

No nos gusta la vulnerabilidad, nos hace sentir débiles y en desventaja. Pero en realidad, no deberíamos verlo así. Sería bueno hacer un esfuerzo de fe y pensar diferente ante esa realidad que nos pasa a todos.

Al inicio del tratamiento, cuando todos nuestros amigos recibieron la información de mi situación de salud, muchos manifestaron su apoyo y nos consolaron, nos expresaron palabras de fortaleza. Algunos oraron y lloraron a nuestro lado. Nos dieron esa palmada en el hombro, ese abrazo; y nos dijeron ¨estamos con ustedes¨. Sinceramente fue muy bueno ser consolados, pero al mismo tiempo mi mente y corazón jugaban con sentimientos y pensamientos en los que, si les daba libertad, me harían caer en la trampa y en vez de ser consolada podía sentir lástima de mí misma.

Es cierto que en muchas ocasiones, a pesar de la quimioterapia me sentía muy normal y estable, sin embargo la gente pensaba que lo estaba pasando muy mal; Y entonces ahí venía yo a explicarles que en realidad todo estaba bien. Y en realidad lo estaba. No era como cuando te preguntan ¨¿cómo estás?¨ Y tu respuesta casi siempre es ¨bien¨ cuando en realidad no lo es; pero sí;  estaba bien.

Es una lucha, tratar de ser sincera, íntegra y también mantener tu supuesta dignidad en su nivel, a la hora de responder a esta cotidiana pregunta de si estás bien. Yo misma cuando la hago espero respuestas sinceras y más cuando la pregunta tiene el propósito de ayudar y consolar. Así que  aplico igual requisito para mí misma, y respondo de la manera más íntegra posible.

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Julio 2013

Pero tengo que admitir que no era fácil, cuando no estaba bien; me exponía y dejaba ver lo vulnerable que estaba.   Así como dejé que los demás pudieran ver mis momentos bajos y desafortunados. Como cuando perdí el pelo y me presenté a todos con una peluca, o como cuando estaba en el postoperatorio con la realidad de que aunque estaba fuera de peligro y en franca mejoría, la verdad, que fruto de la cirugía estaba sin una parte de mi cuerpo; una muy sensible y significativa para toda mujer. Ahí también fui consolada, y fue bueno. Pero también aprendí a ser vulnerable y dejar que Dios se hiciera fuerte en mi debilidad.

El apóstol Pablo nos enseña en la Palabra sobre el poder de Dios en nuestra debilidad. Su gracia es suficiente.

¨Pero Él me ha dicho: «Con mi gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.» Por eso, con mucho gusto habré de jactarme en mis debilidades, para que el poder de Cristo repose en mí. 2 Corintios 12:9¨

Entender esto y asimilarlo en mis momentos de vulnerabilidad me ha hecho descubrir el maravilloso privilegio de ser fortalecida en el poder del Señor. Permitiendo que el Dios soberano sea fuerte en mi debilidad, dejando caer sobre mí su amor y su gracia.

En mi camino hacia la sanidad, el consuelo no faltó, y en el trayecto fue cada vez más  útil y eficaz.

No somos tan fuertes, no siempre todo está ¨bien¨, a veces estaremos en situaciones de dolor, de desventajas aparentes y en circunstancias devastadoras; y está bien si la gente ha de enterarse, está bien que reconozcas que estás en ese momento vulnerable, está bien que te dejes consolar. Estarás muy bien porque la gracia de Dios te bastará, el Señor se manifestará a ti,  serás consolado y fortalecido. Lleno de amor y favor.

Aún en estos días, cuando algunos  conocen de este proceso, muestran su apoyo y admiración por ver todo lo superado… y no falta el consuelo, la palmadita en el hombro y las expresiones de solidaridad; y yo lo recibo como la gracia del poder de Dios sobre mí, que en la debilidad, me anima, me consuela y me fortalece.

Cuando estés en un momento de vulnerabilidad, déjalo salir a caminar contigo en el proceso, y qué importa que la gente lo vea, recuerda; será particularmente importante para ti si entiendes que Su gracia (la del Señor) será suficiente, entonces el consuelo vendrá y será maravillosamente eficaz!

Siempre me he inclinado en animar y consolar a los demás; esta experiencia con la enfermedad, la espera, los tratamientos médicos y los daños colaterales, me han capacitado para aprender a consolar aún mejor, siendo consolada por otros y sobre todo por mi amado Señor. Ahora puedo usar mis historias y otra vez, dejarme ver vulnerable. Abro mi corazón y alcanzo el consuelo para quienes lo estén necesitando en el momento. Para la gente que amo, y que Dios ha puesto cerca de mi corazón.

Reconozco que es impresionante ver las formas en que Dios nos va capacitando para cumplir su diseño y su propósito en nuestras vidas. Esto lo vivo casi a diario. Luego de ser consolada, ahora consuelo más y más a la gente. Ahora el consuelo se hace más vivo y eficaz.

En medio de la vulnerabilidad, he sido consolada para consolar. Que privilegio!

¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de toda consolación, que nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios!  2 Corintios 1:3