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El primer día! (primera parte)

El primer día! (primera parte)

Por lo general, los comienzos son difíciles, el temor nos absorbe las energías, los recursos mentales (y emocionales) se agotan, y dar el paso es difícil; Sin embargo he descubierto dos verdades en este asunto de arrancar y dar el primer paso.

Una de esas verdades es, que mientras más rápido lo haces, más rápido sales del asunto. Sé que te puede parecer muy cliché, pero es una verdad. Me ha pasado en muchas situaciones de mi vida, y sé que al igual que yo, tú también lo has experimentado.

Con estos procesos de mi salud, pasó así. Tan pronto supe de la enfermedad, ya quería iniciar el tratamiento. Pero, déjame ser honesta contigo. No era por ser valiente y decidida, era para salir rápido del trago amargo y… del sustito.

En la siguiente semana del diagnóstico, ya  tenía mi cita para la primera aplicación del tratamiento. La primera quimioterapia; el inicio de los difíciles y abrumadores efectos secundarios. Mi primer día (en acción) de “un día a la vez.”

Ese día inició todo el camino, y con él, todos los sentimientos, altos y bajos, los buenos y los no tan buenos; ellos jugaban en mi mente, una y otra vez.

Una de las cosas más terribles que entiendo, un ser humano puede experimentar, es dar pasos hacia lo desconocido, en un camino de incertidumbres, preguntas, dudas y temores.

¨Sí, tengo paz, pero la verdad esto no deja de ser duro¨, así me susurraba la pequeña Loly que estaba escondida en mi interior, mientras yo salía al frente, haciendo todo lo posible por ser valiente y no soltar mi fe.

Aunque los médicos te explican muy bien, y te detallan los procesos, y sus efectos; aun así, en este caso, yo estaba entrando a lo desconocido. Cuando pocas veces en tu vida te has enfermado o nunca te han hospitalizado, este tipo de procesos se hacen aún más inciertos. En mi familia, esas cosas casi no se veían, ninguno nos enfermábamos y gloria a Dios por eso! Las enfermedades, los tratamientos y demás, no nos rozaban ni cerca. Así que ya pueden imaginar lo que representaba para mí estar a la puerta de un tratamiento, con un diagnóstico serio.

Bueno, el día llegó, y tuve que armar las piezas del rompecabezas para así encontrar del dominio propio, el poder y el amor del que habla el apóstol Pablo en la segunda carta a Timoteo. También estaba amarrando muy bien mi paz a mi corazón con la verdad de la Palabra de Dios que me repetía una y otra vez en mi mente y que no quería olvidar, como cuando uno memoriza las clases de un examen que se aproxima a tomar.

Llegó el día y como si fuera sencillo el proceso y lo incierto; Además, tenía que enfrentarme a esta mi primera vez en ¨quimio¨, sin Francis. Dios, que difícil!

Francis, mi esposo, tenía un compromiso de trabajo ministerial en Honduras. Cuando supimos de mi situación de salud, lo primero que él razonó fue que cancelaría su viaje pues necesitaba estar junto a mí en esto. Rápidamente mi hermana y yo le dijimos: ¨no, no, no; tú te vas¨.  ¨todo estará bien, sólo son unos días (una semana)… y yo la cuidaré muy bien¨, terminó mi hermana de decirle.

Yo no quería que se fuera, claro que no; pero tampoco quería que dejara de ir a ese compromiso, pues era significativo para él, y yo sabía que sería muy bueno que saliera un rato. (Había otras razones técnicas, que ameritaban que fuera a ese viaje).

Así que despedí a mi esposo y me preparé para lo que enfrentaría al día siguiente. Dios me dio fuerzas, la verdad que sí!

¨El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.¨ Isaías 40:29